La asignatura aporta, desde mi punto de vista, herramientas que pueden ser de gran interés para ejercer la docencia. Considero que durante esta semana he aprendido algunas cosas que podré emplear si alguna vez me dedico a la enseñanza.
Contar con la posibilidad de tener un espacio en el que insertar contenidos que sean atractivos para los alumnos es una suerte que debe de ser aprovechada, así que no estoy de acuerdo con aquello de que "no sé para qué sirve un blog"...
Enhorabuena por las clases. Transmites mucho y haces muy amenas las clases!
María Jesús Mateo
viernes, 28 de noviembre de 2008
Bajo los caracteres (Bienvenida al sitio)...
El aprecio de los poetas por las palabras no está exento de razones. El afecto se añade al motivo cuando el amante de la escritura evoca su oficio. Es evidente: pocos asuntos afectan tanto a los seres humanos como el modo en que las quimeras y los sueños rotos toman cuerpo, se hacen presentes… pocas cuestiones son tan “humanas” como el uso del lenguaje.
De esa relevancia, se deduce que éstas, las palabras, deben ser tratadas con un especial celo.
El mimo por lo que se dice y por el modo en que ello se expresa es precisamente el fin de este sitio que, si bien, centra su mirada en el medio, el proceso –y en este sentido, opta por descuidar los resultados- para perderse en el camino… Para abandonarse al estudio del lenguaje y divagar acerca del mismo.
Bucear para sobrepasar la superficie de los caracteres es el reto. Ojalá seamos muchos los deseosos de dar ese zambullido.
De esa relevancia, se deduce que éstas, las palabras, deben ser tratadas con un especial celo.
El mimo por lo que se dice y por el modo en que ello se expresa es precisamente el fin de este sitio que, si bien, centra su mirada en el medio, el proceso –y en este sentido, opta por descuidar los resultados- para perderse en el camino… Para abandonarse al estudio del lenguaje y divagar acerca del mismo.
Bucear para sobrepasar la superficie de los caracteres es el reto. Ojalá seamos muchos los deseosos de dar ese zambullido.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Las Palabras...
...Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan.
Me posterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo todas las palabras. Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen...
Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras...
Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo...
Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola.
Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba...
Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada...
Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz.
Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías... Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho...
Nos dejaron las palabras.
Pablo Neruda
Me posterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo todas las palabras. Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen...
Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras...
Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo...
Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola.
Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba...
Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada...
Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz.
Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías... Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho...
Nos dejaron las palabras.
Pablo Neruda
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